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domingo, 10 de agosto de 2014

Porque amar a la literatura

Hay un libro para cada quien. Ese libro se convierte para su dueño en un mundo gigantesco y privado.


Biblioteca
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Cuando te sientes triste te refugias en ese libro. Allí residen tus héroes, tus miedos, tus sueños e ilusiones. En ese libro especial, duerme una parte de tu alma, la más pura y sabia, la más inocente y poderosa.

Cuando te sientes feliz porque crees que te has enamorado, compartes ese libro secreto con tu persona especial. Si lo rechaza, es que no es amor verdadero, y esa persona no es digna de ti. Si lo acepta, entonces no tienes que buscar más, esa es la prueba definitiva de que la persona ante ti es única en todo el mundo.



Pero por más importante que sea un libro, necesita compañía. Así que tienes que conseguirle amigos. Algunos serán más gordos, y otros más delgados, aunque el tamaño no es lo que cuenta, sino lo que llevan por dentro. Si alguno de esos libros es un pretencioso de tapa dura con el corazón vacío, no lo pongas cerca de tu libro favorito, porque lo hueco se contagia por ósmosis.

Cuando te has rodeado de tantos libros, puede suceder que hagan germinar un nuevo libro dentro de ti. Uno que necesita nacer de tus manos, de tu mente, de tu corazón. Sin embargo es un embarazo complicado. Puede tardar días, meses o años, nadie lo sabe, ni siquiera tú.

Ese libro en proceso se alimenta de todo: de tu libro favorito, de sus amigos, de tu vida, de lo que amas y de lo que odias. Es un espíritu devorador e insaciable, una criatura que seguirá insatisfecha hasta que no pongas el punto final.

Y cuando hayas terminado, es probable que lo que sostengas en tus manos sea irreconocible. A lo mejor no se parece al padre, que es tu libro favorito, ni se parece a la madre, que eres tú, que lo pariste con sudor, sangre y lágrimas. Pero, ese libro es tuyo, tu hijo, y no puedes evitar amarlo sin importar que tan feo sea.

El primogénito suele ser el favorito, aún cuando los siguientes son más guapos.


Escribir o no escribir, e ahí el dilema:


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